El es Rubén

-Lectura de 2min-

 

 

Hace unos años me crucé con un cartonero en Argentina, literalmente con su carrito y un boombox. Yo salía de ensayar con el ballet y me senté a comer en el pastito de la plaza. Lo vi bailar, y muy tranquilita me acerqué a ver. Después de unos minutos de ver mi sonrisa dibujada se acercó y me dijo: “Vos seguro sos bailarina, no? Dale, te toca!”. ¿Me hablaba a mí? ¿Pretendía que yo baile y me mueva así? Yo no sé hacer eso y quedar ridiculizada no era una opción. Lo primero que atiné a hacer fue paralizarme, decir “así no funciona,” e irme. ¿Así no funciona? Yo era la bailarina y en ese momento, no sabía bailar… cómo si realmente necesitara saber. Algo no andaba bien.

Después de casi un año de cachetazos por el mundo, hoy salí del trabajo en Playa del Carmen, Mexico, y vi un niño de once años practicando un molino en la calle. Repito, once años. Nos pusimos a hablar, como nos fue más intuitivo, primero con el cuerpo, después con palabras. Hoy no cenó, (o quizás sí y me mintió para tener unas quesadillas), pero practica su molino todos los días. Dice que solo “se lo vio a un guey y se lo copió” y su respuesta a ¿tú que sientes cuando lo haces? fue: siento como si me hiciera pis. Empatizando con un niño de once años… Terminamos nuestra conversación con las ansiadas quesadillas en la arena y al llegar a mi casa, (que por “otras de las mil casualidades de mi viaje” no es ni mas ni menos que un centro cultural), me encontré con un evento en donde había una ronda de personas riendo, flashando, compartiendo, equivocándose, creciendo, viviendo la escencia del Caribe: ser feliz con lo que hay, y cuando no hay, ser feliz igual.
Nunca fui parte activa de la cultura Hip Hop de mi país, nunca me animé, pero le debo la vida. Siempre la admiré y respeté con locura y sin buscarlo terminé relacionándome con gente del ambiente que me volaron la bocha de una manera extraterrestre. Creo que yo sola entiendo con la intensidad con qué pasó todo, porque realmente fue un golpe muy grande el ver que había danza fuera de las cuatro paredes de un estudio y del Workshop del millón de pesos con #JuanitaSoylomasybailocontodoslosfamosos que nunca podía pagar. Que nadie me juzagaba, que el cartonero con el boombox solo quería saber quién era, y para un bailarín, eso solo se ve al bailar. Fue salir de la caja, tan simple como eso. Tan fuerte como eso.

Realmente no sé que hubiese sido de mi carrera de no haberme cruzado con todas estas personas que me aceptaron una birra, una noche de flash sin un puto peso de por medio, solo porque ayudarme a aprender a conocer esta parte de la vida, (porque te aseguro que cuando lo hago es PURA VIDA), bailar social, abriéndome a la idea de deshacer años de estereotipos para compartir cara a cara lo que me pasa, y no solo por Instagram. Noches de insomnio, de clases teóricas y prácticas por las que no estaba pagando. Entre corridas y estrés. Entre milanga de Retiro y café de Starbucks. Todo para cada día bailar más como yo, y no como los demás esperan de mí. Por alcanzar ese segundo de gloria en un beat, por ser más auténtica. Para que mi danza crezca, para crecer como persona. Ser vulnerable. Prestarme al error. Equivocarme, y equivocarme en público, pasar por un lugar que ya no repetiría. Ser libre en los pocos segundos efímeros que dura un tema.

Rubén lo entiende a los once. Comparte. Ríe. Se anima y practica y practica y practica. Sin fin alguno, porque practicar es el fin en sí mismo, como la vida lo es también.

 

2 Replies to “El es Rubén”

  1. Eso es saber aprender de los maestros.
    Cuando sea grande, quiero aprender eso de vos.

    1. Y a seguir aprendiendo más Tincho!

Quiero escucharte