¡Feliz #VIAJANIVERSARIO para mí!

-Lectura de 5min-

Hace un año mi mamá recibía este tipo de mensajes de mis familiares:

Chau Argentina! #whatsapptalks

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Y es que, hace un año me tomaba el primer avión de mi vida a Salt Lake City, Utah y hoy cumplo oficialmente, doce meses bailando por quien sabe que rincón del planeta.

Hikinggg 😍😍😍

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Y fue esta misma noche que cumplí uno de mis sueños: que alguien me vea bailando y me diga “Quiero que trabajes conmigo”.

Quizás para muchos de mis amigos esto no es una novedad porque ya han bailado para importantes cadenas hoteleras,  importantes marcas, o lo que es mejor, ya han construido una marca de sí mismos, un estilo propio, autenticidad. Para mí es algo muy nuevo y una autorealización personal enorme y hacerlo público me hace todavía más vulnerable, que es uno de mis objetivos en esta etapa.

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Fui contratada por subirme a un escenario en pleno concierto y bailar como jamás en mi vida me hubiese animado a hacer. Yo, una bailarina clásica educada para no romper reglas y ser juzgada todo el tiempo, para ser el mejor cisne en un cuerpo de baile, se hace lo que se dice, se busca el estereotipo al que claramente por mis condiciones físicas, nunca pertenecí. Pero bueno, era “la carismática”, y muy orgullosa de ello, porque bailar siempre me excedió, aunque nunca fue suficiente para la disciplina a la que me quería dedicar profesionalmente.

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Todo el puto mundo me felicitaba por mi dedicación, mi capacidad emprendedora, mi actitud supuestamente desafiante, y yo no quedaba en las audiciones que quería, nunca salía EL trabajo y aun así mi cuerpo me seguía pidiendo danza, algo estaba haciendo mal. Pero ¿qué? ¿Y si lo mío no es bailar y yo insisto en forzar algo que no es? O vuelvo a estudiar ingeniería (alguien que me explique por qué hice eso) o me pongo a buscar la vida que tengo que vivir, pero no sé cual es.

Y así lo decidí. Dejé Argentina hecha pedazos por una audición por la que lloré como nunca en mi vida. Me fui frustrada por el tiempo “que iba a perder en vez de entrenar”, frustrada por un medio en el que me costó mucho meterme, frustrada por trabajos que no salían, contactos que no lograba tener, por tener que estudiar algo que no me interesaba para tener un trabajo que no quería… muy lógico. Me fui y dije “que pase lo que pase” y solo me propuse hacer lo que más me hiciera feliz, y bailar seguía siendo el plan. Ahí empezó la búsqueda.

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Una vez una maestra que respeto muchísimo me dijo: “si querés trabajar en tu danza, trabajá en tu vida, y después llevala a la danza”. Hoy casualmente se cumple un año desde que empecé a trabajar en mi vida viajando por el mundo, un año desde que veía por Facebook como todos progresaban y yo “perdía el tiempo recorriendo Albania”. Ahora miro para atrás y todavía no puedo creer todo los miedos que ya no tengo, todo lo que evolucionó mi manera de bailar, que es mi persona.

Aprendí que entrenar obsesivamente no siempre es el camino cuando la traba es mental. Hacé siempre lo que sientas, porque podés hacer literalmente lo que quieras, solo tenés que decidir qué.

Hace un año me tomaba el primer avión de mi vida a Salt Lake City, Utah. Si hubiera podido hacer un fast forward en ese momento a todo lo que viviría después, me hubiese agarrado una parálisis facial del estrés. Todavía me emociona pensar que todo esto realmente está pasando. Que trabajé en diferentes escenarios del mundo. Que bailé en todas las esquinas que pisé. Que repentinamente apareció un compañero de viaje perfecto. Que atravesé las situaciones más bizarras que puedan existir. Que confirmé que es lo que quiero. Que ahora puedo describir quien soy. Que tomé las decisiones que jamás tomé en mi vida. No puedo más que agradecer, y seguir trabajando. Al Universo, por regalarme tan increíble búsqueda. A mí misma, por abrirme a lo que pudiera pasar y recordar hoy la frase más cliché y más comprobada de mi vida: ser feliz es una elección. 

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Quiero escucharte