DE: mí a los 23; PARA: mí a los 17

-Lectura de 3min-

Carito,

Felicitaciones por todo lo que lograste hasta ahora. Por terminar la secundaria con un promedio impecable y anotarte en la facultad con la sonrisa de tu familia respirándote en la nuca. ¡Felicitaciones de verdad, eh! Por el compromiso, la dedicación, por dejar contentos a todos y saciarte con su felicidad. Por entender que el arte no es más que un hobbie, que no aporta nada al mundo, que somos máquinas y tenemos que ser productivas al sistema. Por bajar de la nube y ser realista… ¡Porque para llegar lejos hay que ser realistas! Como el tipo que decidió comunicar dos personas, océano de por medio, con un cable por debajo del agua; o el que decidió poner una máquina que vuele cual pájaro en el aire… ¡Para triunfar hay que ser realistas!

Ahora, viajá.

Se vienen los años más problemáticos de tu vida, y no te escribo para asustarte, sino para alertarte. Quisiera decirte que podés hacer lo que querés, y que todo depende de vos. Pero es mentira, no tenés un peso y todo va a depender de a quién conozcas. Por eso mismo, viajá.

Vas a cambiar de carrera cinco veces. No una, no dos, cinco. No vas a saber lo que querés y eso te va a atormentar, porque el analítico dice que vos sos mejor promedio; vos sos inteligente. ¡Entendé que acá no está la respuesta! ¡VIAJÁ!

Vas a enojarte, pensar, gritar, llorar. ¡Si tan solo pudiera decirte todo lo que vas a llorar! Vas a elegir el rincón más feo de todo Buenos Aires, y con solo pararte ahí, las lágrimas van a salir solas. Te vas a levantar de la cama cumpliendo una rutina, pensando que podrías hacer las cosas diferentes, pero las vas a seguir haciendo igual, porque así te dijeron que se hace. Vas a sentir unas ganas incontrolables de hacer mucho, pero en la práctica, vas a hacer muy poco. Basta. Viajá.

Vas a conocer la envidia. Vas a ver a muchas personas viviendo la vida que quisieras vivir, y que no te animás. Vas a querer cerrar tu facebook muchas veces, porque no vas a tolerar ver ese inicio lleno de caras felices, selfies y duck faces. Y otra vez vas a llorar. Cerrá la compu, y viajá.

Viajá y fallá. Fallá en frente de todos. Ponete en ridículo tantas veces que tengas que cambiarte el nombre. Tené miedo, paralizate, no hagas nada, y date cuenta que no te queda otra que avanzar. Mirá a esas miles de personas haciendo lo mismo que vos, y frustrate pensando por qué vos serías diferente. Subite y bajate de ese bondi veinte veces hasta que entiendas que no es vergonzoso preguntarle al chofer a donde va. Intoxicate con el pretzel dudoso de ese puesto callejero, terminá en el hospital y guardate una foto de recuerdo. Hacete pasar por alemana en un Mc Donalds de Barcelona, hasta que se den cuenta de tu engaño y te regalen un Cuarto de Libra. Aprendé tres palabras en turco, y repetilas cual mantra por todo el país. Puteá en otro idioma, ¡hacé uso de la impunidad del idioma! Quedate sin reserva en un hostel y dormí en la playa. Morite de frío una, dos, tres, cinco noches hasta que tu cuerpo se acostumbre. Andá sola a ese bar y hablá con un desconocido que te pueda dar laburo online por dos meses. ¡Terminá tu noche en un club de contorsionistas y probá los límites de tu cuerpo! Paseate por la ciudad con un cartel que diga “Homeless”. Reite, reite mucho, de todo, con sentido, sin sentido, de qué perdiste 50 euros en la calle, de que la monja adelante tuyo se tropezó. Descargate Tinder, y dale like hasta al que parece un alien.  Desayuná ají picante y tirate en el pasto a mirar el cielo, respirá con profundidad. Mirá a tu alrededor. Observá cómo vive la gente, las similitudes humanas, la diferencia cultural. Escuchá las historias que tiene el mundo, empapate de cada posibilidad, y tomá la que más te guste para tu vida.

Prestá atención a ese pensamiento de “que lindo sería vivir así” y automáticamente envía un “y por qué no?”.

Hacé. Dejá de pensar y hacé. ¡HACÉ! No des lo mejor que podés, porque eso implica ir a un lugar que ya conocés, andá más lejos. Mejor de lo que creés que es lo mejor. Cuando entiendas que el ser humano está entrenado para la supervivencia, vas a comprender que podes hacer lo que quieras con tu vida. ¡Dejá de tomar la vida como un ensayo! ¿Ensayo de qué? ¡Si después de la muerte ya no va a haber obra! 

No sé que querés, ni por qué hacés lo que no querés, o lo que supones que querés, o lo que sabés que no querés pero querés suponer que sí. No sé por qué tenés ese miedo a amar como a morir, ¡como a morir! ¡Ja! ¡Como si fueran la misma cosa! Acatas órdenes de la muerte, ¿pero no así del amor? ¿Es así de lógico?

No vivas como si la única sensación de vértigo permitida en toda tu vida fueran esos segundos previos a saber que todo se acaba. Tenés las herramientas, tenés la libertad. Disfrutá. Disfrutá y jugatelá en éste escenario único, donde toma lugar el peligroso (y prodigioso) espectáculo de la vida. Viajá.

 

 

Quiero escucharte