El dia que perdimos nuestros recuerdos

Si digo que no me estaba riendo, mentiría. No hubo segundo del viaje donde la risa no se cruzara entre medio de las palabras.  He aquí la prueba:

Como era costumbre, eso estábamos haciendo con Nacho después de cruzar la frontera de Turquía a Georgia, levantados por un señor pelado que hasta el día de hoy “y con respeto” me sigue tirando onda por Facebook, y todavía no entiendo por qué todas las conversaciones (o monólogos) los inicia diciendo “Ku, Ku, Carolina”. Una vez más a las pruebas me remito:

Del otro lado de la frontera, nos levantó un camionero muuuuy buena onda que se fumó todas nuestros ataques de risa sin entender una palabra. Por suerte la risa es un idioma universal y no tuvimos problemas… los primeros 10 min. Sin una gota de alcohol encima, a los dos nos había agarrado un ataque de esos que ya son molestos para el que no lo vive desde adentro.

Todo venía saliendo perfecto, la ciudad parecía bastante fulera, una especie de Moreno con caras nuevas, pero ¿a quién le importa eso cuando la compañía es perfecta? Unos diez segundos después de bajar del camión en pleno Batumi, en Georgia, Nacho se dio cuenta que le faltaba el celular.

Un celular medio pelo que ya rogaba cambio, pero era EL celular. No pensé que me hablaba enserio cuando me dijo que HABIA que recuperarlo hasta que escuché: “Ahí están todos mis recuerdos… ¿Qué le voy a mostrar a mi abuela cuando vuelva a Buenos Aires? ¿Qué le voy a decir cuando me pregunte cómo es Italia?”

No lo niego, me causó ternura. Pero flaco, dale, estamos en GEORGIA no sabemos a dónde iba ese camión y no hablamos el idioma… ¿y ahora qué?

El camionero había mencionado algo de una parada donde supuestamente dormiría, en el medio de la ruta a Tblisi, que es hacia donde se dirigía.

-Lo lógico sería alcanzarlo ahí y sino, en la capital del país.

¡Por supuesto!  Si solo estamos perdidos en un país que no conocemos, con un idioma que no hablamos, persiguiendo un tipo que ni sabemos el nombre pero “suponemos que para a descansar” en una parada de mioncas llamada ALGO ASÍ como “jashuri”. ¡Pero si tenemos las de ganar! 

Se nos ocurrió alquilar un auto (los peores 45$ de tu vida) pero no estaba permitido manejar esa cantidad de km hasta la capital con un auto rentado, por lo que intentamos, en vano, llegar hasta esa parada intermedia de nombre raro.

Te enterás que Georgia era un país, viajas dos días en camión hasta allá, perdés el celular en uno de esos en Turquía o en Georgia o en la frontera, o ya no sabés donde, se larga a llover, te viene, rastreas al camionero según suposiciones de destinos, alquilas un auto mediante señas para perseguirlo, no lo encontras, dormís en el auto en un descampado, sigue lloviendo, buscas alguien que hable Georgiano-Turco-Ingles, devolvés el auto, tomás un micro de siete horas, te subís a un taxi que te quiere cobrar el doble, encontras el celular (y todas las fotos del viaje) en un paradero en el medio de la ruta, mangueas el viaje de vuelta al taxista, comés algo por ahí y el cocinero egipcio te hace un truco de magia que no entendiste, llegas a un supuesto "hostel" digno de la casa abandonada de tu abuela difunta, te acostás. Y mientras miras como la mancha de humedad del techo se agranda con cada respiración… Sonreís. Llegaste a Georgia. #Georgia🇬🇪 #TurquiaVolveNoTeFajoMas

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Lluvia, granizo, barro, la parada en la mitad del camino jamás existió. No cenamos, dormimos en el auto y el buen humor que caracterizaba a mi cumpa de viaje parecía haber quedado en su celular perdido… Hasta que, al amanecer, y ya sin esperanzas, la hermana de Nacho le mandó un mensaje por Facebook, preocupada.

Imaginate la situación: tu hermano en medio oriente haciendo dedo y recibís un mensaje desde su celular en un idioma cuasi alienígena que dice HELP. ¿SECUESTRO, ARMA, TRATA DE BLANCAS?! No, el pobre tipo trataba de decirle que él tenía su teléfono (esas cosas que también suelen pasar en Argentina, vio).

Luego de unas cuantas horas de quilombos, finalmente recuperamos el bendito teléfono y mi amigo recuperó su bendita sonrisa… Fue como si su abuela la hubiese recuperado también. Ahora tenía sus recuerdos. Y yo me quedé pensando… en todas esas horas que paso mirando fotos de lugares que conocí pero no registré. De personas con las que hablé pero nunca más les vi la cara, de lo bien que me hace acordarme el olor del perfume que me ponía todas las mañanas en Utah, o la presión del agua en la cara abajo de una catarata en Luxemburgo. De cuantos pensamientos, cuantas ideas, cuantas sonrisas destapé con una charla en lenguaje de señas con un X en un bar, de lo bien que se sintió cruzar un Argentino en Amsterdam… Porque SOMOS recuerdos.

 No quiero ser la que espera al otro lado del Pacífico para ver por celular cómo se ve una montaña del otro lado del mundo, cómo come un Irlandés, que le apasiona a un Italiano…

Quizás recuperar un celular lleno de fotos era una manera de recuperar un cuerpo lleno de vivencias, pero la única manera de llenar un cuerpo de vivencias es salir a buscar las experiencias que los generen.  

Quiero escucharte