Por qué viajar: el empujón final

Viajar

“Yo viajo para encontrarme a mí mismo” es una frase que escuché tantas pero tantas veces que parecía que todos la habían leído en un señalador y compraron el mismo. ¿Y eso que mierda significaba? ¿Quién estuvo viviendo toda mi vida si no fui yo? ¿Quién sino yo misma soy la responsable de todas mis acciones? Me parecía algo bastante boludo, una cosa muy hippie con OSDE que sinceramente, no compartía hasta que, casi sin buscarlo, empecé a viajar.

Quiero que crees por un segundo una imagen mental de tu día perfecto. Ese del que dirías: “wow, si me muero hoy no necesito más nada”. ¿Que incluirías en tu día? ¿Visitar a un amigo? ¿Abrazar a tu mamá? ¿Estar vendiendo tu empresa? ¿Viendo a tu hijo recibirse? ¿Comiendo en una parrilla? ¿Qué tenes puesto? ¿Una bikini? ¿Un traje? ¿Hace frío o calor? ¿Estas casado o soltero? ¿Estas tocando la guitarra? ¿Jugando un partido de futbol?

¿Cuántas de todas estas preguntas pudiste responder?

La mayoría de las veces nos enfocamos tanto en “lo que hay que hacer”, que los días se escurren entre los dedos alejándonos de lo que queremos y nunca le prestamos atención por concentrarnos en lo que debemos.

Deber, deber, deber… ¿deberle qué a quién? ¿A quien le debes algo más que a vos mismo?

Hartos estamos de esta ola new age de “la vida es una sola”, “carpe diem”, y “vive como si fuera el ultimo día”, pero ¿cuántas veces realmente le hacemos caso? ¿Cuántas veces siquiera pensamos en el tema? 

Por eso viajar. Para redescubrirte. Para confirmar que estás yendo por donde tenés que ir. Si no lo sabés, para averiguarlo. 

¿Cómo funciona? Al salir de tu zona de confort, de tu círculo de amigos, de tu facultad, de tu rutina diaria, inconscientemente te abrís a situaciones inesperadas que no se hubiesen suscitado si estuvieras haciendo lo mismo de siempre.  Y eso te obliga a reaccionar de otra manera, casi instintivamente. Ahí es cuando vas a mirar para atrás y vas a decir “por qué, si yo jamás hubiese hecho esto”. Y ahí está la clave: te estás acercando más a vos mismo (Cacho, préndeme los sahumerios, que arranca la hippeada).

No es que toda tu vida no fuiste vos, sino que por cuestiones que a veces no manejamos, nos cegamos y vamos siempre por el mismo lugar, no queremos pensar afuera de eso, porque es la verdad, estamos cómodos, el mundo nos dice tenemos que estar cómodos para ser productivos al sistema… entonces, ¿cuál es la necesidad? El problema es no poder ver el paso del tiempo y llegado un punto en que nada nos importe, darnos cuenta que vivimos la vida de alguien más, pero no la que realmente queríamos vivir.

Por eso viajar: no como escape, sino como atajo. Un atajo hacia vos mismo.

Vas a mejorar tus habilidades y empezar a rodearte de personas con tus intereses, vas a hablar de temas que te gustan, y más de una vez alguien te va a volar la cabeza con alguna idea, algún concepto. Tu yo más interno va a reaccionar, y sin pensarlo te vas a ver envuelto como yo, aprendiendo turco y francés online, leyendo libros sobre negocios, saliendo a correr a la mañana cuando en tu puta vida corriste más de diez minutos, haciendo un master en comida para tupper y cada día con muchas, muuuuchas ideas nuevas.

Cómo expliqué en otro post, viajar cambió mis objetivos (¡ahora tengo objetivos!), mis preferencias musicales, mi concepción de la amistad, mis valores, mi religión. Me dio más seguridad, más contactos, menos miedos, más libertad, ¡ahora tomo alcohol! Soy más sociable. Me enseñó sobre programación, marketing online, yoga, fotografía, cerveza artesanal, Budismo, negocios, sexo, cocina, idiomas. Viajar me dio herramientas.

Y acá viene la segunda parte más difícil, la primera es irte, la segunda es hacerte cargo de todo lo que aprendiste. Agarrar todas esas herramientas y hacer algo con eso, o hacer caso omiso del llamado. Y sabes que no escucharte, sería retroceder otra vez.

Pero ya vas a tener una decisión. Y con ese plan en mente, trabajar para vivir la vida que querés. Porque cuando uno sabe lo que quiere, las cosas llegan. Porque es inherente al ser humano alcanzar lo que se propone. No he oído de un solo hombre que haya deseado con la fuerza de mil mares y habiendo trazado un plan, no haya alcanzado lo que se proponía. La fuerza del hombre es mayor que cualquier terremoto, cualquier alma, cualquier comida, cualquier billete, cualquier papel; la fuerza del hombre no es subjetiva, no tiene tiempo, ni espacio, ni materia. La fuerza del hombre es el hombre mismo siendo lo que decide ser, y nada que tenga que ser puede no-ser sin que este antes lo permita.

Los deseos son grandes, pero más grandes son los sueños. Los sueños son grandes, pero más grande son los objetivos. Los objetivos son grandes, pero más grandes son las decisiones. Las decisiones son grandes… las decisiones son grandes.

Es tu turno de viajar y encontrarlo.